Investigación
La verdad incómoda sobre la vivienda en México: ¿por qué los jóvenes no pueden mudarse?
La verdad incómoda sobre la vivienda: ¿Por qué los jóvenes mexicanos no pueden mudarse de casa?
Imagina tener 30 años y seguir viviendo con tus papás. No, no es el guion de una comedia romántica, sino la realidad para más de la mitad de los jóvenes en la Ciudad de México. ¿Por qué? La respuesta no es tan sencilla como un simple “no ahorro lo suficiente”. Detrás de este fenómeno se esconde un entramado de políticas públicas, decisiones económicas y un mercado inmobiliario que parece estar diseñado para mantenernos atrapados.
El mito de la vivienda accesible
El acceso a una vivienda digna es un derecho, pero en México se ha convertido en un lujo. Los precios han subido tanto que comprar una casa es casi un sueño imposible para la mayoría de los jóvenes. En la última década, los costos se han duplicado, y solo el 23% de los créditos hipotecarios son otorgados a menores de 30 años. Este dato es alarmante si consideramos que la vivienda es un pilar fundamental para la movilidad social y la autonomía personal.
El gobierno ha intentado implementar programas como Vivienda Pública en Renta y Vivienda para el Bienestar, pero estos no han logrado el impacto esperado. En lugar de fomentar un mercado eficiente, han creado una dependencia hacia los subsidios estatales, lo que a largo plazo desincentiva la inversión privada y perpetúa el problema.
El intervencionismo estatal: ¿solución o problema?
Desde una perspectiva de centro-derecha humanista, es crucial preguntarnos si el intervencionismo estatal es realmente la solución a nuestros problemas. Los gobiernos de AMLO y Sheinbaum han apostado por políticas populistas que, aunque bien intencionadas, han concentrado el poder y polarizado al país. Estas políticas han creado una incertidumbre jurídica que ahuyenta la inversión y reduce la oferta habitacional.
El principio de subsidiaridad, tan valorado en la doctrina social católica, nos recuerda que las soluciones deben surgir desde la comunidad y no ser impuestas desde el Estado. Sin embargo, las políticas actuales parecen ignorar este principio, lo que ha llevado a una crisis de vivienda que afecta directamente a los jóvenes, quienes son el futuro del país.
¿Cómo afecta esto a los jóvenes de 18 a 25 años?
La falta de acceso a la vivienda no solo limita la independencia de los jóvenes, sino que también afecta su capacidad de formar un hogar y desarrollarse profesionalmente. Actualmente, 15.6 millones de jóvenes viven en pobreza o exclusión, y 4.9 millones son considerados “ninis” (ni estudian ni trabajan). Esta situación no solo es insostenible, sino que también compromete la cohesión social y los principios democráticos.
Además, la falta de oportunidades y la desesperanza han llevado a una alta tasa de mortalidad por suicidio y violencia entre los jóvenes. Estamos ante una crisis que requiere soluciones urgentes y efectivas.
Hacia una solución: responsabilidad y libertad económica
Para restaurar la movilidad social y la dignidad de los jóvenes, es necesario implementar políticas que promuevan la responsabilidad personal y la libertad económica. Algunas recomendaciones incluyen:
- Incentivos fiscales para la construcción de vivienda asequible: Esto estimularía la inversión privada y aumentaría la oferta de viviendas.
- Créditos hipotecarios flexibles con cofinanciamiento: Facilitaría el acceso a la vivienda para los jóvenes, permitiéndoles salir del hogar familiar y formar su propio núcleo.
- Fortalecimiento educativo-vocacional subsidiario: Mejorar la educación y formación profesional para aumentar las oportunidades laborales y, por ende, la capacidad adquisitiva de los jóvenes.
- Regulación mínima de rentas: Enfocarse en aumentar la oferta en lugar de imponer controles que desincentiven la inversión.
- Alianzas fe-comunidad para vivienda solidaria: Impulsar proyectos comunitarios que promuevan la solidaridad y el apoyo mutuo.
- Evaluación independiente de programas gubernamentales: Asegurar que las políticas implementadas realmente beneficien a la población objetivo y no perpetúen la dependencia estatal.
Reflexión final: un cambio necesario
La situación actual es insostenible y requiere un cambio de enfoque. Es fundamental que los jóvenes mexicanos tengan la oportunidad de acceder a una vivienda digna y, con ello, a una vida autónoma y productiva. La solución no está en más intervencionismo estatal, sino en fomentar un entorno donde la responsabilidad personal y la libertad económica sean los motores del desarrollo.
El camino no será fácil, pero es un reto que debemos asumir si queremos un futuro donde los jóvenes puedan prosperar y contribuir al desarrollo de nuestro país. Es momento de actuar y de exigir políticas que prioricen la movilidad social sin perder de vista la responsabilidad individual.